Archivo | Conciertos RSS for this section

Howlin Rain (II) Psilocybenea Aretoa 22-9-2012

La foto no es del concierto, pero la camisa de Ethan era parecida

Bueno, tres meses después retomo el blog, y parece predestinado que lo haga hablando de Howlin Rain, sobre los que fue la primera entrada de esta bitácora.

Los de San Francisco visitaban brevemente Europa para presentar su último disco, 17 conciertos en menos de un mes. Me encanta este grupo, y su último disco me maravilla… así que si hubiera hecho falta me habría ido a Madrid a verlos,  aunque por la crónica que he encontrado, habría tenido que ponerles un primer “pero”. Pero… como tocaban en Hondarribi, allá que nos fuimos Joni G, El Divino y un menda.

Abría la noche en Psilocybenea Napoka Band, alter ego de Napoka Iria, con una propuesta que mezcla el intimismo que con su acústica y su (impresionante) voz aporta Miren Narbaiza, las progresiones de Ander Mugika a la guitarra eléctrica, más la contundencia de músicos de Willis Drummond y Andrakan en la guitarra, el bajo y la batería. Nos gustó, aunque no vimos todo el concierto, teníamos que estar fumados y con un pote en la mano cuando empezara Howlin Rain, así que la última parte del bolo nos la saltamos.

Volvimos a la sala cuando la banda estaba montando y, la primera en la frente… parecía que no había teclado. Nos quedamos un poco fríos, porque tanto el instrumento como la bestia parda que lo toca parecen piedra angular de este combo. Esperamos sin perder la esperanza de que apareciera en el último momento… cosa que no hizo. Entonces empezaron con Phantom in the Valley: suena al batería, Ethan Miller se arranca con el riff que abre la canción, suena de maravilla. Isaiah Mitchell da un paso al frente y toca sus dos primeros acordes. El silencio desaparece del mundo, una ráfaga nos barre, se caen los potes, por los aires vuelan gafas, peluquines y algún despistado que no tenía los dos pies en el suelo; hasta un perro pequeño que pasaba por Endaia sale despedido, y todos nos quedamos con el pelo patrás: la lluvia ha empezado a rugir y, durante casi dos horas, no parará.

Siguieron con Self Made Man, Dark Side y Can’t Satisfy Me Now… y hasta ahí puedo leer, no era momento para ocupar la mente recordando el setlist, había que dejarla volar, y vaya si voló. Si puedo decir que tocaron algún tema más de The Russians Wild, y algunos de sus anteriores discos; Lord Have Mercy fue especialmente celebrado.

De todos los conciertos de Howlin Rain que he visto (este era el cuarto), ha sido en éste en el que me he encontrado con la banda que quería. Me lo he pasado genial en el resto, pero en esta vez, la comunión con le público fue total. Miller, que empezó más Comets on Fire que nunca, parecía por momentos un febril Jimi Hendrix, acompañado de  Mitchell (Isaiah, no Mitch) que es otra bestia de la guitarra; el bajo del gigantesco Cyrus Comiskey, y Raj Ojha en la batería, que es lo más parecido a ésto que he visto nunca. Miller desatado, dejando la guitarra a un lado y saltando micro en mano entre el público, encaramándose en la mesa de sonido cantando un tema romántico.  Antes de que se fueran, Parker Griggs apareció por allí a tocar un par de temas, todo un papelón porque la banda y el público estábamos a 300 por hora y el chaval no sabía muy bien qué hacer al principio, y eso que es otro fenómeno. Ethan Miller aprovechó, le dio la guitarra y sin más presentaciones se puso a cantar como un loco, al borde del escenario, con el respetable ya convertido en masa totalmente entregada; hasta le besaron los pies.

La banda se fue, pero tuvieron que volver. Otra ración de sudor y decibelios, sin bajar ni un ápice la intensidad. Ni cuando a Mitchell se le rompió una cuerda hubo parón, simplemente la arrancó y siguió tocando.

Y cuando se fueron por segunda vez, gritos, pataleos y más gritos. Todo el mundo quería que volvieran, no había allí una sola persona que quisiera que aquello acabara. Tuvo que salir un responsable de la sala a decir que el grupo no iba a volver, lo habían dado todo y no podían más. Aunque Isaiah Mitchell volvió al escenario… ¡a pedir disculpas por no seguir tocando! Y así, empapados en sudor, con una sonrisa de oreja a oreja y un subidón brutal, todos lo entendimos y a nadie le pareció una excusa.

Por cierto, nadie se volvió a acordar del teclado, pero espero que Joel Robinow esté en la próxima gira.