Azkena Rock Festival 2012

Como siempre, parecía que no llegaba, no llegaba, y para cuando nos hemos querido dar cuenta, ya ha pasado. Una nueva edición del ARF que nos ha dejado agotados pero satisfechos. Os lo cuento.

Desde la mañana del jueves ya se empezaba a notar el ambiente; muchos hombres de negro y muchas mujeres de negro; tatuajes, camisetas rockeras, barbas… y algunas melenas. Para las 18’00 ya andaba por allí para coger la pulsera, no fuera que pasara como el año pasado y me perdiera el primer bolo. Y no fue así. Hubo tiempo para ver el recinto, dar una vuelta por las tiendas y hacer un plano de situación. Este año el festival ha sido de mínimos, por lo menos en cuanto a infraestructuras. Escenarios, tres barras, zona de avituallamiento y área de descanso… pero ¿es qué hace falta más? Bueno, al tema.

Prendió la mecha Si Cranstoun, soul, swing, groovie y wheels on fire. Recordando en algunos momentos a Eli Paperboy, pero con un toque más que latino, italiano. Se echa en falta una versión de Tu vuò fà l’americano. No había manera de dejar los pies quietos y se veían las ganas de pasarlo bien de la gente, para ser jueves estábamos unos cuantos. Cuarenta y cinco breves minutos después era el turno de Dr. Maha en el tan maldecido escenario 3 dedicado a Robin Gibb, parece que a muy poca gente le ha gustado la idea de esta tercera ubicación por los solapamientos de conciertos que provoca. Los bilbotarras nos ofrecieron una buena dosis de su tónico milagroso, pero muchos no llegamos a verles partir en su carromato, estuvimos sólo el tiempo justo para ir a ver a Blue Öyster Cult, y si llego a saberlo, me hubiera quedado. Iba con mucha ilusión y me pareció el concierto más soso de todo el festival, no se salvó ni Don’t Fear the Reaper. Israel Nash Gripka fue una de las mejores cosas vistas. Llegamos en un momento en que estaban muy subidos, imposible no acordarnos de Black Crowes. Al final bajaron un poco el pistón, mucho medio tiempo, pero habrá que seguirles la pista.

Israel Nash Gripka

Los segundos clásicos del día arrancaban a eso de las nueve: Twisted Sister ¡Cómo se notan las tablas! Se metieron al público en el bolsillo, Dee Snider (¡57 tacos!) no paró de correr saltar y gritar… y lo de los huevos con aceite… no hay nada mejor que alguien que sabe reírse de si mismo. Grandes. Graveyard fue la sensación de la primera jornada… o eso me han dicho. Estuve un rato y me gustó, pero no me atraparon. De ahí a Status Quo, de los que todos hacíamos los mismos comentarios: “vamos a la verbena” o “como en el casete del coche de mi viejo cuando era crío”. Y otra vez las tablas. No sé que se comentará por ahí, pero yo me lo pasé pipa, y los colegas con los que estaba también. Y la gente a mi alrededor también. Bailamos y cantamos de lo lindo y nos desgañitamos cantando esa versión de Bye Bye Johnny, (¡Xabino, no era Johnny be Goode, pero casi!) Después Steel Panther, ni fu ni fa. Cuando llegamos pensamos que estaba tocando Bon Jovi. Mucho show me your tetes, show me your vagina, mucho blablablabla y como nos aburríamos nos fuimos. Pentagram, pues ya estábamos cansados y a ninguno nos decía mucho, así que lo vimos desde un jardín. No había mucha gente para la hora que era, pero los que estaban parecía que la estaban gozando. Pasado un cuarto de hora de la una, Porco Bravo ¡qué grandes! Cuando se nos olvida que el rock es una cuestión de actitud aparecen combos como éste para recordárnoslo. La noche terminaba con Dropkick Murphys: rock cazurro de pub irlandés, se me hizo un poco irregular el concierto, pero ya me gustaría verles en una sala. Y después a la carpa a bailotear un rato.

El viernes, todavía estábamos frescos cuando nos acercamos a la plaza de la Virgen Blanca para ver a Charles Bradley. OUUUUYYYEAAAH! Soul, funk y R&B para aguantar la solinata que estaba cayendo. Grande, grande, muy grande. A las 18’15 ya estábamos en la carpa viendo a Willis Drummond con su stoner garajero. Se veía que lo estaban pasando bien, y nosotros también, uno de los descubrimientos de este ARF. A eso de las site, Lisabö. Simplemente insoportable. No sabría decir si no me gusta lo que hacen los irundarras (no conozco su música) o si el volumen era demasiado brutal. Aguantamos tres temas y nos tuvimos que ir. En el escenario 3  (creo que ha sido el escenario en que más conciertos he visto) nos encontramos con el power-rock de Pontus Snibb 3. Los suecos si nos convencieron, a pesar de que el sol pegaba de lo lindo. No es que ofrezcan nada nuevo, pero esa mezcla de rock escandinavo con ZZ Top nos gustó, y la actitud del grupo también, charlatanes pero sin la imbecilidad de los gatitos de trapo del día anterior. Y aquí llegan las primeras faltas del festival, Gun y The Amazing… se los llevó el viento. Pero a Rich Robinson no. Era uno de los conciertos que no quería perderme. Creo que le falta un poco de presencia en el escenario, pero parece que el pequeño de los Black Crowes va perdiendo la vergüenza y está dispuesto a demostrar que los cuervos son dos, aunque a uno se le vea más. No bailé mucho, pero fue uno de los bolos que más disfruté. Y aprovecho para recomendar Through a Crooked Sun.

Rich Robinson Through a Crooked Sun

The Screaming Tribesmen también se nos fue, y de Black Label Society vimos el interminable solo de guitarra que le valió algún que otro pitido a Zakk Wylde. Y de vuelta al escenario 3. No conocía a Gallows, pero me gustó su hardcore combativo y fue uno de los conciertos con mejor ambiente. Y mientras tocaba Ozzy, nos fuimos al campamento base a descansar un poco. Regresamos al final de Luger; tampoco los conocía, pero lo poco que oí me gustó. Y de ahí al momento polémico del festival: The Mars Volta. Hubo momentos en que los pitidos de la gente que estaba detrás competían con los aplausos de los que estábamos más adelante. Para mí, otro de los conciertos a destacar del festival. Flipé con Cedric, sus saltos y piruetas, su cable de micro y su voz, claro. Y con el guitarrista. La verdad es que la atención no me daba para más. Pa mear y no echar gota, oigan. Y una vez que dejamos de deslizarnos por los anillos de Saturno a lomos de hipocampos, tocaba elegir: el músculo o la sonrisa. Y nos fuimos a por la sonrisa de Dick Brave y sus Backbeats, que los machos alfa ya están muy vistos. Todo un acierto, después de las psicodelia, las versiones rockabilly era lo que necesitábamos para sincronizar cuerpo y mente, es decir: bailar. Y bailamos, y hubiéramos bailado más, pero la banda no volvió a pesar de las peticiones. Una pena. Pero bueno, a esa hora en el Azkena, siempre queda la carpa.

From dusk till dawn!

Y llegó el sábado. O mejor dicho, el sábado ya estaba allí cuando llegamos nosotros. Como nos había dejado tan buen sabor de boca unas horas antes, nos acercamos a ver a Dick Brave. El concierto fue calcado, mismo repertorio, Brave haciendo el pino a pie de batería y final con Great Ball of Fire con los músicos cambiándose los instrumentos para pasar todos por todos, y mismo buen rollo. Y después de comer, de vuelta al festival. Fue imposible llegar a North Mississippi Allstars ¡mil veces me maldigan por ello! Cada vez que leo o escucho que estuvo de puta madre, echo bilis. Pero bueno, más ganas para la próxima vez. De Frank Turner vimos un rato y nos gustó. Muy enérgico. M Ward otro rato, pero la verdad, hasta que no llegó el turno de Lynyrd Skynyrd (pronunciado Lynyrd Skynyrd), me moví en una nube. Que se disolvió en cuanto los sureños empezaron a tocar. Se notaba que había ganas de la gente de que pasaran por el ARF. El primer gran momento fue Simple Man. El segundo lo dejaron para el final, Sweet Home Alabama. El tercero fue el bis con Free Bird. Apoteósico. Brutal. Grandioso. Ya había escuchado Free Bird en el Azkena, pero no así. Después de atravesar otra nebulosa que no recuerdo bien, My Morning Jacket. Ya les había visto otra vez en el Azkena, y me volvieron a gustar mucho. Son una mezcla de Black Crowes con Mars Volta. Otro de los conciertos para recordar en esta edición. The Union y Hank 3, nos los pasamos descansando un poco en la furgo. Volvimos para Darkness; ni fu ni fa, I belive in a Thing Call Love… y nada más. El concierto fue correcto, pero se repiten mucho y es un rock hipercomercial. Tampoco les vamos a criticar por eso, pero sólo con que el cantante probara algún registro más de su voz, que es la ostia, ganarían mucho. Bailamos, cantamos y nos fuimos. Nos fuimos a The Brian Jonestown Massacre. Lo voy a poner otra vez: The Brian Jonestown Massacre. Para mi no podría haber mejor final. Joel Gion con sus maracas y panderetas, echando un fiti como si no pasara nada. En el estado en que me encontraba (David Bowie I Love You) Since I Was Six, además de cierto, era lo mejor que me podía pasar. Así, volví a montar en mi hipocampo y me fui, me fui, me fui…

Y luego a la carpa, claro, que había que gastar las fichas.

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