YOUTUBE

10 cosas que hacer en Youtube cuando estés muerto:

1- Escuchar esta lista que ni me acordaba de ella pero quedó muy bien… allá por septiembre, digo yo.

Para muestra, un botón.

2- Comprobar porqué Jon Spencer es el putísimo amo del R’n’R

Si no tienes gusto (ni bueno ni malo) vete al minuto 5’20, anda…

Y hay más.

3- Ver el combate de Micky Ward con Shea Neary.

5- Ver la “película” que han hecho Queens of the Stone Age con los cinco primeros vídeos que han sacado de su último disco, …Like Clockwork

6- Gozarla con el adelanto del próximo disco de Capsula, Solar Secrets.

7- Me va a insultar a mi una galleta…. Notejode!

8- Recordar a la mona Chita.

9- Ver Ali.

10- Bailar, que un día sin bailar, es un día sin vivir…

4- Darte cuenta de que faltaba.

Tocar Madera

Al otro lado de la habitación enmoquetada está el tocadiscos, todavía prohibido para él, pero ni la delicada aguja de diamante ni las amenazas de su hermana, dueña del aparato, pueden evitar que se acerque, inútilmente furtivo, hasta el armario donde están guardados los discos. Con sus pequeñas manos va pasando uno tras otro, ignorando el de Parchís, el de los Barbapapás o el de Comando G; su objetivo es una carpeta de cartón que ha visto fugazmente, demasiado oscura y corrupta para sus ocho años. Sin mirar atrás, de qué sirve saber que te han descubierto, contempla la portada: un hombre extremadamente delgado, de aspecto enfermizo, sosteniendo un micro junto a unas palabras que, todavía, no puede comprender: DAVID LIVE.

Ya no puede recordar cómo terminó aquella aventura; si fue sorprendido o las sombras del disco se extendieron para ocultar su atrevimiento, quizá el primer secreto de su vida… Pero desde entonces nunca pudo evitar que al terminar esa canción gritara: KNOCK ON WOOD! UOUH!!!

Howlin Rain (II) Psilocybenea Aretoa 22-9-2012

La foto no es del concierto, pero la camisa de Ethan era parecida

Bueno, tres meses después retomo el blog, y parece predestinado que lo haga hablando de Howlin Rain, sobre los que fue la primera entrada de esta bitácora.

Los de San Francisco visitaban brevemente Europa para presentar su último disco, 17 conciertos en menos de un mes. Me encanta este grupo, y su último disco me maravilla… así que si hubiera hecho falta me habría ido a Madrid a verlos,  aunque por la crónica que he encontrado, habría tenido que ponerles un primer “pero”. Pero… como tocaban en Hondarribi, allá que nos fuimos Joni G, El Divino y un menda.

Abría la noche en Psilocybenea Napoka Band, alter ego de Napoka Iria, con una propuesta que mezcla el intimismo que con su acústica y su (impresionante) voz aporta Miren Narbaiza, las progresiones de Ander Mugika a la guitarra eléctrica, más la contundencia de músicos de Willis Drummond y Andrakan en la guitarra, el bajo y la batería. Nos gustó, aunque no vimos todo el concierto, teníamos que estar fumados y con un pote en la mano cuando empezara Howlin Rain, así que la última parte del bolo nos la saltamos.

Volvimos a la sala cuando la banda estaba montando y, la primera en la frente… parecía que no había teclado. Nos quedamos un poco fríos, porque tanto el instrumento como la bestia parda que lo toca parecen piedra angular de este combo. Esperamos sin perder la esperanza de que apareciera en el último momento… cosa que no hizo. Entonces empezaron con Phantom in the Valley: suena al batería, Ethan Miller se arranca con el riff que abre la canción, suena de maravilla. Isaiah Mitchell da un paso al frente y toca sus dos primeros acordes. El silencio desaparece del mundo, una ráfaga nos barre, se caen los potes, por los aires vuelan gafas, peluquines y algún despistado que no tenía los dos pies en el suelo; hasta un perro pequeño que pasaba por Endaia sale despedido, y todos nos quedamos con el pelo patrás: la lluvia ha empezado a rugir y, durante casi dos horas, no parará.

Siguieron con Self Made Man, Dark Side y Can’t Satisfy Me Now… y hasta ahí puedo leer, no era momento para ocupar la mente recordando el setlist, había que dejarla volar, y vaya si voló. Si puedo decir que tocaron algún tema más de The Russians Wild, y algunos de sus anteriores discos; Lord Have Mercy fue especialmente celebrado.

De todos los conciertos de Howlin Rain que he visto (este era el cuarto), ha sido en éste en el que me he encontrado con la banda que quería. Me lo he pasado genial en el resto, pero en esta vez, la comunión con le público fue total. Miller, que empezó más Comets on Fire que nunca, parecía por momentos un febril Jimi Hendrix, acompañado de  Mitchell (Isaiah, no Mitch) que es otra bestia de la guitarra; el bajo del gigantesco Cyrus Comiskey, y Raj Ojha en la batería, que es lo más parecido a ésto que he visto nunca. Miller desatado, dejando la guitarra a un lado y saltando micro en mano entre el público, encaramándose en la mesa de sonido cantando un tema romántico.  Antes de que se fueran, Parker Griggs apareció por allí a tocar un par de temas, todo un papelón porque la banda y el público estábamos a 300 por hora y el chaval no sabía muy bien qué hacer al principio, y eso que es otro fenómeno. Ethan Miller aprovechó, le dio la guitarra y sin más presentaciones se puso a cantar como un loco, al borde del escenario, con el respetable ya convertido en masa totalmente entregada; hasta le besaron los pies.

La banda se fue, pero tuvieron que volver. Otra ración de sudor y decibelios, sin bajar ni un ápice la intensidad. Ni cuando a Mitchell se le rompió una cuerda hubo parón, simplemente la arrancó y siguió tocando.

Y cuando se fueron por segunda vez, gritos, pataleos y más gritos. Todo el mundo quería que volvieran, no había allí una sola persona que quisiera que aquello acabara. Tuvo que salir un responsable de la sala a decir que el grupo no iba a volver, lo habían dado todo y no podían más. Aunque Isaiah Mitchell volvió al escenario… ¡a pedir disculpas por no seguir tocando! Y así, empapados en sudor, con una sonrisa de oreja a oreja y un subidón brutal, todos lo entendimos y a nadie le pareció una excusa.

Por cierto, nadie se volvió a acordar del teclado, pero espero que Joel Robinow esté en la próxima gira.

Azkena Rock Festival 2012

Como siempre, parecía que no llegaba, no llegaba, y para cuando nos hemos querido dar cuenta, ya ha pasado. Una nueva edición del ARF que nos ha dejado agotados pero satisfechos. Os lo cuento.

Desde la mañana del jueves ya se empezaba a notar el ambiente; muchos hombres de negro y muchas mujeres de negro; tatuajes, camisetas rockeras, barbas… y algunas melenas. Para las 18’00 ya andaba por allí para coger la pulsera, no fuera que pasara como el año pasado y me perdiera el primer bolo. Y no fue así. Hubo tiempo para ver el recinto, dar una vuelta por las tiendas y hacer un plano de situación. Este año el festival ha sido de mínimos, por lo menos en cuanto a infraestructuras. Escenarios, tres barras, zona de avituallamiento y área de descanso… pero ¿es qué hace falta más? Bueno, al tema.

Prendió la mecha Si Cranstoun, soul, swing, groovie y wheels on fire. Recordando en algunos momentos a Eli Paperboy, pero con un toque más que latino, italiano. Se echa en falta una versión de Tu vuò fà l’americano. No había manera de dejar los pies quietos y se veían las ganas de pasarlo bien de la gente, para ser jueves estábamos unos cuantos. Cuarenta y cinco breves minutos después era el turno de Dr. Maha en el tan maldecido escenario 3 dedicado a Robin Gibb, parece que a muy poca gente le ha gustado la idea de esta tercera ubicación por los solapamientos de conciertos que provoca. Los bilbotarras nos ofrecieron una buena dosis de su tónico milagroso, pero muchos no llegamos a verles partir en su carromato, estuvimos sólo el tiempo justo para ir a ver a Blue Öyster Cult, y si llego a saberlo, me hubiera quedado. Iba con mucha ilusión y me pareció el concierto más soso de todo el festival, no se salvó ni Don’t Fear the Reaper. Israel Nash Gripka fue una de las mejores cosas vistas. Llegamos en un momento en que estaban muy subidos, imposible no acordarnos de Black Crowes. Al final bajaron un poco el pistón, mucho medio tiempo, pero habrá que seguirles la pista.

Israel Nash Gripka

Los segundos clásicos del día arrancaban a eso de las nueve: Twisted Sister ¡Cómo se notan las tablas! Se metieron al público en el bolsillo, Dee Snider (¡57 tacos!) no paró de correr saltar y gritar… y lo de los huevos con aceite… no hay nada mejor que alguien que sabe reírse de si mismo. Grandes. Graveyard fue la sensación de la primera jornada… o eso me han dicho. Estuve un rato y me gustó, pero no me atraparon. De ahí a Status Quo, de los que todos hacíamos los mismos comentarios: “vamos a la verbena” o “como en el casete del coche de mi viejo cuando era crío”. Y otra vez las tablas. No sé que se comentará por ahí, pero yo me lo pasé pipa, y los colegas con los que estaba también. Y la gente a mi alrededor también. Bailamos y cantamos de lo lindo y nos desgañitamos cantando esa versión de Bye Bye Johnny, (¡Xabino, no era Johnny be Goode, pero casi!) Después Steel Panther, ni fu ni fa. Cuando llegamos pensamos que estaba tocando Bon Jovi. Mucho show me your tetes, show me your vagina, mucho blablablabla y como nos aburríamos nos fuimos. Pentagram, pues ya estábamos cansados y a ninguno nos decía mucho, así que lo vimos desde un jardín. No había mucha gente para la hora que era, pero los que estaban parecía que la estaban gozando. Pasado un cuarto de hora de la una, Porco Bravo ¡qué grandes! Cuando se nos olvida que el rock es una cuestión de actitud aparecen combos como éste para recordárnoslo. La noche terminaba con Dropkick Murphys: rock cazurro de pub irlandés, se me hizo un poco irregular el concierto, pero ya me gustaría verles en una sala. Y después a la carpa a bailotear un rato.

El viernes, todavía estábamos frescos cuando nos acercamos a la plaza de la Virgen Blanca para ver a Charles Bradley. OUUUUYYYEAAAH! Soul, funk y R&B para aguantar la solinata que estaba cayendo. Grande, grande, muy grande. A las 18’15 ya estábamos en la carpa viendo a Willis Drummond con su stoner garajero. Se veía que lo estaban pasando bien, y nosotros también, uno de los descubrimientos de este ARF. A eso de las site, Lisabö. Simplemente insoportable. No sabría decir si no me gusta lo que hacen los irundarras (no conozco su música) o si el volumen era demasiado brutal. Aguantamos tres temas y nos tuvimos que ir. En el escenario 3  (creo que ha sido el escenario en que más conciertos he visto) nos encontramos con el power-rock de Pontus Snibb 3. Los suecos si nos convencieron, a pesar de que el sol pegaba de lo lindo. No es que ofrezcan nada nuevo, pero esa mezcla de rock escandinavo con ZZ Top nos gustó, y la actitud del grupo también, charlatanes pero sin la imbecilidad de los gatitos de trapo del día anterior. Y aquí llegan las primeras faltas del festival, Gun y The Amazing… se los llevó el viento. Pero a Rich Robinson no. Era uno de los conciertos que no quería perderme. Creo que le falta un poco de presencia en el escenario, pero parece que el pequeño de los Black Crowes va perdiendo la vergüenza y está dispuesto a demostrar que los cuervos son dos, aunque a uno se le vea más. No bailé mucho, pero fue uno de los bolos que más disfruté. Y aprovecho para recomendar Through a Crooked Sun.

Rich Robinson Through a Crooked Sun

The Screaming Tribesmen también se nos fue, y de Black Label Society vimos el interminable solo de guitarra que le valió algún que otro pitido a Zakk Wylde. Y de vuelta al escenario 3. No conocía a Gallows, pero me gustó su hardcore combativo y fue uno de los conciertos con mejor ambiente. Y mientras tocaba Ozzy, nos fuimos al campamento base a descansar un poco. Regresamos al final de Luger; tampoco los conocía, pero lo poco que oí me gustó. Y de ahí al momento polémico del festival: The Mars Volta. Hubo momentos en que los pitidos de la gente que estaba detrás competían con los aplausos de los que estábamos más adelante. Para mí, otro de los conciertos a destacar del festival. Flipé con Cedric, sus saltos y piruetas, su cable de micro y su voz, claro. Y con el guitarrista. La verdad es que la atención no me daba para más. Pa mear y no echar gota, oigan. Y una vez que dejamos de deslizarnos por los anillos de Saturno a lomos de hipocampos, tocaba elegir: el músculo o la sonrisa. Y nos fuimos a por la sonrisa de Dick Brave y sus Backbeats, que los machos alfa ya están muy vistos. Todo un acierto, después de las psicodelia, las versiones rockabilly era lo que necesitábamos para sincronizar cuerpo y mente, es decir: bailar. Y bailamos, y hubiéramos bailado más, pero la banda no volvió a pesar de las peticiones. Una pena. Pero bueno, a esa hora en el Azkena, siempre queda la carpa.

From dusk till dawn!

Y llegó el sábado. O mejor dicho, el sábado ya estaba allí cuando llegamos nosotros. Como nos había dejado tan buen sabor de boca unas horas antes, nos acercamos a ver a Dick Brave. El concierto fue calcado, mismo repertorio, Brave haciendo el pino a pie de batería y final con Great Ball of Fire con los músicos cambiándose los instrumentos para pasar todos por todos, y mismo buen rollo. Y después de comer, de vuelta al festival. Fue imposible llegar a North Mississippi Allstars ¡mil veces me maldigan por ello! Cada vez que leo o escucho que estuvo de puta madre, echo bilis. Pero bueno, más ganas para la próxima vez. De Frank Turner vimos un rato y nos gustó. Muy enérgico. M Ward otro rato, pero la verdad, hasta que no llegó el turno de Lynyrd Skynyrd (pronunciado Lynyrd Skynyrd), me moví en una nube. Que se disolvió en cuanto los sureños empezaron a tocar. Se notaba que había ganas de la gente de que pasaran por el ARF. El primer gran momento fue Simple Man. El segundo lo dejaron para el final, Sweet Home Alabama. El tercero fue el bis con Free Bird. Apoteósico. Brutal. Grandioso. Ya había escuchado Free Bird en el Azkena, pero no así. Después de atravesar otra nebulosa que no recuerdo bien, My Morning Jacket. Ya les había visto otra vez en el Azkena, y me volvieron a gustar mucho. Son una mezcla de Black Crowes con Mars Volta. Otro de los conciertos para recordar en esta edición. The Union y Hank 3, nos los pasamos descansando un poco en la furgo. Volvimos para Darkness; ni fu ni fa, I belive in a Thing Call Love… y nada más. El concierto fue correcto, pero se repiten mucho y es un rock hipercomercial. Tampoco les vamos a criticar por eso, pero sólo con que el cantante probara algún registro más de su voz, que es la ostia, ganarían mucho. Bailamos, cantamos y nos fuimos. Nos fuimos a The Brian Jonestown Massacre. Lo voy a poner otra vez: The Brian Jonestown Massacre. Para mi no podría haber mejor final. Joel Gion con sus maracas y panderetas, echando un fiti como si no pasara nada. En el estado en que me encontraba (David Bowie I Love You) Since I Was Six, además de cierto, era lo mejor que me podía pasar. Así, volví a montar en mi hipocampo y me fui, me fui, me fui…

Y luego a la carpa, claro, que había que gastar las fichas.

Pilo Pinchadiscos

Cuatro meses han pasado desde la última vez que colgué una sesión del Virgen Blanca, así que en esta hago resumen de las que me he saltado, poniendo algunos temas que he ido añadiendo.   Ok? Let’s go!

The Rolling Stones – Gimme Shelter – En vez de a la canción original, lo enlazo a una grabación en la que sólo se oyen las voces de Mick Jagger y Merry Clayton. Espectacular.

Gospel Retribution Choir – The Stone (Revolution)

Stephen Stills – Love the One You’re With

Howlin Rain – Dark Side

The Black Angels – Telephone

The Kinks – Long Tall Shorty

Faces – Silicone Grown

Mallu Magalhaes – My Home is My Man

Macy Gray – Do Something

George Harrison – Got my Mind Set on You

The Jayhawks – Bad time

Louis XIV – Paper Doll

The Jim Jones Revue – Shoot First

Barrence Whitfield & The Savages – Who’s Gonna Rock my Baby

The Quireboys – Mona Lisa Smile

The Black Keys – Tighten Up

Reading is Sexy I

Una breve entrada literaria. Algunas cosas que he leído el último año.

Terminé de releer Shike, de Robert Shea. Aventuras e historia, ambientadas en el Japón medieval, con la Guerra de los dragones y los intentos de invasión mongoles como lienzo histórico. Zinjas, Samurais, Jiu Jitsu, Zen, Budismo, amor y odio… y tifones. Muy recomendable.

El Vientre de los Filósofos, de Michel Onfray. Sólo el prólogo justifica todo el ensayo. Onfray, filósofo y,  más que gastrónomo, explorador de la diet-ética, sufrió un infarto a los 28 años,  de su trato con “una especialista en dietética con aspecto de anoréxica,” surge esta obra. Para mi, lo mejor del libro es la conversación sobre la mantequilla y la margarina: “… En un acto de heroísmo declaré, como si se tratara de mi última palabra, que perfería morir comiendo mantequilla antes que ahorrar mi existencia con margarina. Psicóloga atroz, pero poco dialéctica, dijo, despreciando toda lógica elemental, que la mantequilla y la margarina eran lo mismo. Había demasiada poca retórica… Y como sobresalía más en lo oligoelemental que en la dialéctica, le dije, desde el fondo de mi lecho, que yo prefería la mantequilla…si eran lo mismo. Desgraciadamente la conversación se avinagró.” ¿Cómo alimentaban su cuerpo los hombres que han alimentado nuestras mentes? Onfray demuestra que la gastronomía y la filosofía no son cosas tan distantes, más bien todo lo contrario. Muy recomendable, como todo lo que escribe el francés.

La Escultura del Si, también de Onfray. cómo construir nuestro yo en un “territorio ético ajeno a las virtudes de la renuncia y del sacrificio”. Una de mis ideas preferidas: “Una auténtica teoría de las pasiones destinadas a producir una bella individualidad, una naturaleza artística cuyas aspiraciones serían el herísmo o la santidad que permite un mundo sin dios, desesperadamente ateo, vacío de todo, excepto de las potencialidades y las decisiones que las hacen florecer.” Altamente recomendable, como todo lo que escribe el francés.

El Juego de Ender, La Voz de los Muertos, Ender el Xenocida e Hijos de la Mente, de la saga de Ender por Orson Scott Card,  también relectura. Me gustaría decir que no ha pasado el tiempo desde que los leí por primera vez, pero, no estoy seguro de si por ellos o por mi, sí lo ha hecho. Una de las sagas más importantes de la literatura de ciencia ficción, ganadora de todos los premios habidos y por haber.

Dune, de Frank Herbert. El principio de otra de las sagas imprescindibles de la literatura de ciencia ficción. Este libro si mantiene intactas las impresiones que tuve la primera vez que lo leí. Genial, aunque no consiga ponerme con el resto de la saga.

Trafalgar, de Arturo Perez Reverte. Y ya está todo dicho.

La Esfinge de los Hielos. Julio Verne tontea con el horror cósmico en una novela que racionaliza La Narración de Arthur Gordon Pym… hasta donde la propia razón se lo permite. Verne en estado puro.

Gabriela, Clavo y Canela, de Jorge Amado. Esta novela me hizo pensar que si El Señor de los Anillos fuera tan bueno, no lo habría leído doce veces. Ambientada en el Brasil de los años 1920, contiene todo lo que una buena novela debe: aventuras, amor, historia, brillantes diálogos, genial narrativa; emocionante, emotiva y un poco picante. Absolutamente recomendable, no sólo lo digo yo, lo dice Neruda en su autobiografía.

Y Al final he caído, no he podido resistirme a Juego de Tronos, de la serie Canción de Hielo y Fuego. No había oído hablar de estos libros hasta que empezaron a hacer la serie. Desde entonces se me aparece por todos lados. Al principio me resistí, un best-seller. Pero @p4atter me dejo la primera temporada de la serie y ya he devorado el primer libro. Y me ha encantado. Los Siete Reinos, Los Reinos Libres, El Muro, los dragones, Los Caminantes Blancos, Las Grandes Casas y sus lemas. Y todo eso sólo en el primero de cinco libros ya publicados, de siete que se esperan. Sólo se puede decir que se acerca el invierno.

Stephen Stills

Recuerdo cuando empecé a escuchar a Jimi Hendrix. En Gasteiz había un local donde podías alquilar cd’s y, por supuesto, fusilarlos. Alquilé un recopilatorio de Hendrix, lo grabé y empecé a escucharlo. A escucharlo mucho. Eran los tiempos del walkman, así que cuando ibas a algún sitio te llevabas un par de cintas, y me di cuenta de que siempre llevaba aquella cinta de Hendrix, así que decidí comprar un disco, Electric Ladyland. La verdad es que le presté poca atención, pero seguía escuchando mucho aquella cinta. Así que compré otro disco, Axis: Bold as Love. Y ése si, ése me atrapó. Hoy tengo 26 discos de Jimi Hendrix en mi colección.

Y ahora, me está pasando lo mismo con Stephen Stills. Conocía Manassas, había temas que me gustaban, pero no le prestaba especial atención, aunque lo escuchaba a menudo. Pero, como la última vez que paseé por las calles de Madrid topase con una tienda de vinilos en el rastro, entre a curiosear y encontré Illegal Stills; y como acababa de hacerme con un plato, lo compré. Ha sido mi Axis de Stephen Stills. Ya he conseguido Manassas en vinilo y su primer disco en solitario, Stephen Stills. Y cada vez me gusta más… y me gusta la sensación de descubrir algo por mi mismo, algo que ya estaba ahí pero no conocía, y poder saborear esos momentos que con otras cosas que nos gustan, no hemos podido apreciar totalmente.

Y, cómo no, todo esto está enlazado mediante una conexión telúrica que he descubierto a posteriori. Hendrix y Stills eran muy amigos. Chas Chandler, el manager y descubridor de Hendrix, y a la sazón bajista de The Animals, le comunicó al manager de Stills el deseo de Hendrix de que tocara el bajo en la Experience, pero el mensaje no le llegó nunca ¡su manager tenía miedo de que Stills aceptara! El Gitano colaboró con Stills en el disco Stephen Stills, poniendo su guitarra en el Old Times, Good Times. El disco está dedicado a la memoria de James Marshal Hendrix, que no llegó a verlo publicado.

Y me encanta ese sombrero que lleva Stills en este vídeos, si alguna vez me queréis regalar uno, o una máscara de luchador mejicano, no lo dudéis. Estas cosas, hay que decirlas.